LA RITUALIZACIÓN DE NUESTRAS PRÁCTICAS NOS ACERCA CADA VEZ MÁS AL DOGMA DE LA RELIGIOSIDAD Y NOS ALEJA DE UNA ESPIRITUALIDAD PRÁCTICA Y LAICA, COMO LA QUE SUGIEREN LOS 12 PASOS DE LA CARTILLA DE RECUPERACIÓN
Es muy común en algunos grupos y en algunas regiones que se haga un ritual iniciatico o de «unción» para conferir a las personas el «grado de padrino o madrina», por medio de ritos desde solemnes hasta rayanos en el fanatismo religioso.
Este tema es un punto neurálgico en la evolución (o desvirtuación, según como se mire) de los Grupos de Cuarto y Quinto Paso
El programa de los 12 pasos en el que nos basamos siempre ha sido celoso de mantener la espiritualidad laica y libre, diferenciándola de la religión organizada, tal espiritualidad es una experiencia sugerida, interna y basada en principios. El Ritualismo aparece cuando el «cómo se hace» se vuelve más importante que el «para qué se hace». Al crear un ritual para «nombrar» padrinos o madrinas, el grupo está cruzando la línea hacia el dogma.
En la antropología, un rito de iniciación marca la transición de una persona a un nuevo estatus social o espiritual dentro de una comunidad. Al hacer un ritual para el apadrinamiento, se está creando una «casta» o un nivel superior dentro del grupo.
Por otro lado, históricamente, la unción (con aceite o mediante la imposición de manos) se usaba para otorgar un carácter sagrado, autoridad o «poder divino» a reyes y sacerdotes. Si el ritual del grupo pretende que el padrino ahora tiene una «gracia especial» o una autoridad espiritual superior sobre «los ahijados» o los demás compañeros, se está calcando una unción religiosa.
Procuremos evitar estas prácticas que rompen el principio de horizontalidad. En nuestra fraternidad nadie es más que nadie; la relación es de par a par («un alcohólico/adicto/co-dependiente hablando con otro»). El ritualismo infla el ego del padrino o la madrina, haciéndoles sentir «elegidos» o «iluminados», lo cual es sumamente peligroso para alguien en recuperación.
Quiénes llevan a cabo la práctica del apadrinamiento no son sacerdotes, confesores ni chamanes, solo son un(a) compañero(a) con más experiencia que comparte cómo aplicó los pasos. Imponerle un rito le convierte en una figura de autoridad espiritual (un o una gurú), lo que fomenta la dependencia emocional y el control.
Finalmente, cabe mencionar que ningún texto de la Literatura Madre sugiere, avala o menciona ritos de investidura para el apadrinamiento. El apadrinamiento es un acto natural de servicio, no un sacramento.
Esta ritualización de la práctica es un fenómeno donde la necesidad humana de misticismo está distorsionando la simplicidad del programa. Estos ritos de «iniciación» o «unción» son una práctica que, bajo el deseo de hacer un trabajo «más profundo», en realidad está alimentando el ego y la rigidez estructural.
Felices 24 horas y bendiciones a todos.
— Gabriel Ro

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